Alan K. Bowman; Greg Woolf
Alan K. Bowman; Greg Woolf
Los nuevos hallazgos de
documentos escritos de muchos tipos diversos han cambiado radicalmente las
concepciones tradicionales sobre el uso y el dominio de la escritura y de la
lectura en el mundo antiguo. Para tener una idea aproximada de su extensión hay
que tener en cuenta también los pocos testimonios que se han conservado en
comparación con los producidos en la propia época. Por ejemplo, no conocemos
más que un puñado de registros militares de pagos individuales, cuando debían
existir alrededor de 225 millones de estos documentos. Hace un siglo apenas se
podía intuir el cambio radical que significaría el descubrimiento, bajo la
arena del desierto, de incontables fragmentos de papiros egipcios relativos a
asuntos de la vida cotidiana, o el hallazgo de grafiti y de bibliotecas
privadas en las ciudades cubiertas por la lava del Vesubio.
Además de los textos literarios, institucionales y de inscripciones conmemorativas que se conocían tradicionalmente, hoy tenemos testimonios de una gran variedad de formatos, géneros y usos de documentos escritos. Los autores del presente volumen analizan textos administrativos, libros, panfletos, graffitti y otros documentos y exploran la significativa relación que hubo entre estas diversas formas y soportes de la escritura entre los siglos VI a.C. y VIII d.C. en el área mediterránea y algunos países de la Europa septentrional. Se estudian los territorios del Egipto faraónico y helenístico, de Persia y el Próximo Oriente, de Judea, la Grecia clásica, la Roma imperial y el Imperio de Bizancio. Las investigaciones exploran la relación entre lenguaje oral y escrito y la función de la escritura en el ejercicio del poder en ámbitos y niveles culturales diversos, tanto paganos como cristianos.
Además de los textos literarios, institucionales y de inscripciones conmemorativas que se conocían tradicionalmente, hoy tenemos testimonios de una gran variedad de formatos, géneros y usos de documentos escritos. Los autores del presente volumen analizan textos administrativos, libros, panfletos, graffitti y otros documentos y exploran la significativa relación que hubo entre estas diversas formas y soportes de la escritura entre los siglos VI a.C. y VIII d.C. en el área mediterránea y algunos países de la Europa septentrional. Se estudian los territorios del Egipto faraónico y helenístico, de Persia y el Próximo Oriente, de Judea, la Grecia clásica, la Roma imperial y el Imperio de Bizancio. Las investigaciones exploran la relación entre lenguaje oral y escrito y la función de la escritura en el ejercicio del poder en ámbitos y niveles culturales diversos, tanto paganos como cristianos.
Resumen capitulo 5.
La razón para estudiar la escritura de
los estados ágrafos es simplemente el hecho de que cuentan más los documentos
escritos que la tradición oral. Los historiadores al encontrar documentos y
estudiarlos, pueden inferir la condición del escritor como tambien quien ordenó
su confección y los destinatarios a quienes está dirigido.
En todos los contextos antiguos objeto
de estudio, un factor común a destacar es que la escritura se constituyó para
demostrar quien tenía el poder hegemónico en esa sociedad. El invento de la
escritura no determinó revoluciones sociales ni intelectuales tal como lo
conocemos hoy al concepto de revolución, pero sí marcó un punto de inflexión en
una incipiente división de clases sociales.
Muchos historiadores señalan que se debe
estudiar sociedad x sociedad dispersas en el tiempo y espacio antiguo, no
solamente sus orígenes sino también sus escrituras si la poseían; porque ello
contribuye a entender la dinámica del desarrollo del entorno social y las
interrelaciones foráneas.
La palabra escrita y el poder no es la
única alternativa de estudio, existen otros vías tambien v.gr; La palabra
escrita y la oralidad, que se merece un mayor estudio para entender lengua y
dialectos, La relación entre lo escrito y otros símbolos ofrecidos como la
epigrafía, las monedas, documentos de pago, monumentos y sellos antiguos. Del
legado cultural recibido de textos escritos hay detalles gubernamentales de
organización de esos antiguos reinos e imperios, cronologías de dinastías,
genealogías. Cronologías y descripciones de victorias y documentos de pagos a
combatiente entre otras cosas. Estos documentos están en una gran variedad de
estilos y lenguas, muchas de ellas llamadas lenguas muertas por el desuso en que
cayeron, pero sin embargo hay dos aspectos a resaltar de estos escritos
vinculados a esas culturas ágrafas, a saber: 1) El poder ejercido sobre la
escritura y 2) El poder ejercido mediante el uso de la palabra escrita. El
primer aspecto restringe ese conocimiento a unos pocos, formándose una élite
capaz de leer y escribir y arrogándose el derecho de representar lo divino.
Esta modalidad pone en vigencia la regla que se conoce como “la religio” común
a todos los estados antiguos; una clase social dominante y hegemónica solo
ellos podían interpretar la voluntad de los dioses. El segundo, la mayoría no
sabían leer por lo descrito anteriormente, lo mismo que muchos estados vecinos
en la periferia, entonces este “sacrografocentrismo “ les daba autoridad para
enseñar y conquistar nuevas tierras con el fin de culturizar a los ignorantes.
Hoy entendemos que la escritura y la
cultura general al menos nos ayudan a formular ciertas preguntas como ¿Quién
ejerce el control?, ¿Con qué propósito está escrito este documento?; Tambien se
puede discriminar entre saber letrado y estado; saber letrado y lengua y
cultura; saber letrado y religión. Hay muchos aspectos a considerar y estudiar
del pasado que tiene implicancia en el presente pero mientras el saber va
proveyendo de nuevas interpretaciones, la cultura escrita y el poder y todas
sus implicancias tendrá mayor o menor relevancia dependiendo siempre en el
contexto social que se da.
Ramón Argañaraz; Resumen , cultura
escrita.
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